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Nutrientes críticos en celiaquía: qué controlar más allá de eliminar el gluten

Actualizado: 12 feb



Seguir una dieta estricta sin gluten es el único tratamiento disponible para la enfermedad celíaca. Sin embargo, eliminar el gluten no garantiza automáticamente una alimentación nutricionalmente adecuada.

Las personas con celiaquía presentan mayor riesgo de déficits nutricionales, especialmente:

  • Al momento del diagnóstico

  • Durante los primeros meses de recuperación intestinal

  • Cuando la dieta sin gluten se basa en productos ultraprocesados

Estos déficits pueden deberse tanto al daño intestinal previo como a una planificación alimentaria insuficiente.

Conocer los nutrientes más comprometidos permite prevenir complicaciones a mediano y largo plazo.

Hierro y anemia ferropénica

La anemia por deficiencia de hierro es una de las manifestaciones más frecuentes al momento del diagnóstico, incluso en ausencia de síntomas digestivos evidentes.

El hierro se absorbe principalmente en el duodeno, una de las zonas más afectadas por la atrofia de vellosidades en enfermedad celíaca activa.

Al iniciar la dieta sin gluten:

  • La mucosa comienza a regenerarse progresivamente

  • La absorción mejora

  • Pero las reservas pueden tardar meses en normalizarse

Es importante diferenciar:

  • Déficit por malabsorción activa

  • Déficit por baja ingesta dietaria

Una alimentación rica en:

  • Carnes

  • Vísceras (cuando son culturalmente aceptadas)

  • Legumbres bien toleradas

  • Combinaciones con vitamina C

favorece la recuperación.

El seguimiento de hemograma y ferritina es clave en el control.

Calcio y vitamina D: salud ósea

La enfermedad celíaca puede asociarse a disminución de la densidad mineral ósea, especialmente cuando el diagnóstico fue tardío o existió malabsorción prolongada.

Los mecanismos incluyen:

  • Disminución de absorción de calcio

  • Déficit de vitamina D

  • Inflamación crónica

Durante los primeros años posteriores al diagnóstico puede observarse:

  • Osteopenia

  • En casos más severos, osteoporosis

Además, muchas personas eliminan lácteos inicialmente por intolerancia transitoria a la lactosa, lo que puede reducir aún más la ingesta de calcio.

El abordaje incluye:

  • Evaluar consumo real de calcio

  • Considerar alimentos fortificados

  • Valorar niveles séricos de vitamina D

  • Evaluar necesidad de densitometría según edad y factores de riesgo

No todas las personas requieren suplementación, pero sí evaluación.

Vitamina B12 y ácido fólico

Las vitaminas del complejo B participan en:

  • Producción de glóbulos rojos

  • Función neurológica

  • Metabolismo celular

La absorción de ácido fólico ocurre principalmente en intestino proximal, mientras que la vitamina B12 se absorbe en íleon distal con ayuda del factor intrínseco.

En enfermedad celíaca activa pueden observarse niveles bajos, especialmente en diagnósticos tardíos.

Síntomas posibles:

  • Cansancio persistente

  • Dificultades de concentración

  • Parestesias

  • Cambios en el estado de ánimo

En la mayoría de los casos, una dieta variada permite normalizar los valores, aunque algunos pacientes requieren suplementación transitoria supervisada.

Fibra: el déficit menos visible

Muchas dietas sin gluten se estructuran alrededor de:

  • Harinas refinadas

  • Arroz blanco

  • Premezclas industriales

  • Productos panificados ultraprocesados

Esto puede reducir significativamente la ingesta de fibra dietaria.

Consecuencias frecuentes:

  • Estreñimiento

  • Distensión

  • Alteración del tránsito intestinal

Incorporar:

  • Frutas y verduras variadas

  • Legumbres

  • Semillas

  • Cereales naturalmente sin gluten (quinoa, mijo, amaranto, trigo sarraceno)

permite mejorar la salud digestiva y metabólica.

Otros micronutrientes a considerar

En algunos casos también pueden observarse déficits de:

  • Zinc

  • Magnesio

  • Vitaminas liposolubles

No son universales, pero deben considerarse en pacientes con síntomas persistentes o mala evolución.

La importancia del seguimiento nutricional

Eliminar el gluten es el primer paso, pero no el único.

El manejo integral de la celiaquía incluye:

  • Evaluación dietaria detallada

  • Controles bioquímicos periódicos

  • Revisión de adherencia

  • Adaptación según edad, embarazo, infancia o envejecimiento

Una dieta sin gluten bien organizada puede ser completa y equilibrada. El problema no es la ausencia de gluten, sino la falta de planificación.

Conclusión

Las personas con celiaquía presentan mayor riesgo de ciertos déficits nutricionales, especialmente al momento del diagnóstico y durante la recuperación intestinal.

Con evaluación adecuada, alimentación variada y seguimiento profesional, es posible prevenir complicaciones y sostener una dieta sin gluten nutricionalmente completa.

Eliminar el gluten es esencial, pero organizar la alimentación es lo que marca la diferencia a largo plazo.


Lic. Bárbara Roggeroni – MN 9179

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