Nutrientes críticos en celiaquía: qué controlar más allá de eliminar el gluten
- Barbara Marina Roggeroni
- 9 feb
- 3 min de lectura
Actualizado: 12 feb

Seguir una dieta estricta sin gluten es el único tratamiento disponible para la enfermedad celíaca. Sin embargo, eliminar el gluten no garantiza automáticamente una alimentación nutricionalmente adecuada.
Las personas con celiaquía presentan mayor riesgo de déficits nutricionales, especialmente:
Al momento del diagnóstico
Durante los primeros meses de recuperación intestinal
Cuando la dieta sin gluten se basa en productos ultraprocesados
Estos déficits pueden deberse tanto al daño intestinal previo como a una planificación alimentaria insuficiente.
Conocer los nutrientes más comprometidos permite prevenir complicaciones a mediano y largo plazo.
Hierro y anemia ferropénica
La anemia por deficiencia de hierro es una de las manifestaciones más frecuentes al momento del diagnóstico, incluso en ausencia de síntomas digestivos evidentes.
El hierro se absorbe principalmente en el duodeno, una de las zonas más afectadas por la atrofia de vellosidades en enfermedad celíaca activa.
Al iniciar la dieta sin gluten:
La mucosa comienza a regenerarse progresivamente
La absorción mejora
Pero las reservas pueden tardar meses en normalizarse
Es importante diferenciar:
Déficit por malabsorción activa
Déficit por baja ingesta dietaria
Una alimentación rica en:
Carnes
Vísceras (cuando son culturalmente aceptadas)
Legumbres bien toleradas
Combinaciones con vitamina C
favorece la recuperación.
El seguimiento de hemograma y ferritina es clave en el control.
Calcio y vitamina D: salud ósea
La enfermedad celíaca puede asociarse a disminución de la densidad mineral ósea, especialmente cuando el diagnóstico fue tardío o existió malabsorción prolongada.
Los mecanismos incluyen:
Disminución de absorción de calcio
Déficit de vitamina D
Inflamación crónica
Durante los primeros años posteriores al diagnóstico puede observarse:
Osteopenia
En casos más severos, osteoporosis
Además, muchas personas eliminan lácteos inicialmente por intolerancia transitoria a la lactosa, lo que puede reducir aún más la ingesta de calcio.
El abordaje incluye:
Evaluar consumo real de calcio
Considerar alimentos fortificados
Valorar niveles séricos de vitamina D
Evaluar necesidad de densitometría según edad y factores de riesgo
No todas las personas requieren suplementación, pero sí evaluación.
Vitamina B12 y ácido fólico
Las vitaminas del complejo B participan en:
Producción de glóbulos rojos
Función neurológica
Metabolismo celular
La absorción de ácido fólico ocurre principalmente en intestino proximal, mientras que la vitamina B12 se absorbe en íleon distal con ayuda del factor intrínseco.
En enfermedad celíaca activa pueden observarse niveles bajos, especialmente en diagnósticos tardíos.
Síntomas posibles:
Cansancio persistente
Dificultades de concentración
Parestesias
Cambios en el estado de ánimo
En la mayoría de los casos, una dieta variada permite normalizar los valores, aunque algunos pacientes requieren suplementación transitoria supervisada.
Fibra: el déficit menos visible
Muchas dietas sin gluten se estructuran alrededor de:
Harinas refinadas
Arroz blanco
Premezclas industriales
Productos panificados ultraprocesados
Esto puede reducir significativamente la ingesta de fibra dietaria.
Consecuencias frecuentes:
Estreñimiento
Distensión
Alteración del tránsito intestinal
Incorporar:
Frutas y verduras variadas
Legumbres
Semillas
Cereales naturalmente sin gluten (quinoa, mijo, amaranto, trigo sarraceno)
permite mejorar la salud digestiva y metabólica.
Otros micronutrientes a considerar
En algunos casos también pueden observarse déficits de:
Zinc
Magnesio
Vitaminas liposolubles
No son universales, pero deben considerarse en pacientes con síntomas persistentes o mala evolución.
La importancia del seguimiento nutricional
Eliminar el gluten es el primer paso, pero no el único.
El manejo integral de la celiaquía incluye:
Evaluación dietaria detallada
Controles bioquímicos periódicos
Revisión de adherencia
Adaptación según edad, embarazo, infancia o envejecimiento
Una dieta sin gluten bien organizada puede ser completa y equilibrada. El problema no es la ausencia de gluten, sino la falta de planificación.
Conclusión
Las personas con celiaquía presentan mayor riesgo de ciertos déficits nutricionales, especialmente al momento del diagnóstico y durante la recuperación intestinal.
Con evaluación adecuada, alimentación variada y seguimiento profesional, es posible prevenir complicaciones y sostener una dieta sin gluten nutricionalmente completa.
Eliminar el gluten es esencial, pero organizar la alimentación es lo que marca la diferencia a largo plazo.
Lic. Bárbara Roggeroni – MN 9179



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