Celiaquía activa o síndrome de intestino irritable: cómo diferenciarlos
- Barbara Marina Roggeroni
- 2 feb
- 3 min de lectura
Actualizado: 12 feb

Muchas personas con celiaquía continúan presentando molestias digestivas aun cuando cumplen estrictamente la dieta sin gluten.
Dolor abdominal, hinchazón, gases o alteraciones del tránsito generan una pregunta frecuente:
“¿Estoy cometiendo errores con el gluten o tengo otro problema?”
En la práctica clínica, las dos posibilidades más frecuentes son:
Persistencia de actividad celíaca
Síndrome de intestino irritable (SII)
Diferenciarlas es fundamental para evitar restricciones innecesarias y orientar el tratamiento correctamente.
¿Qué es el síndrome de intestino irritable?
El síndrome de intestino irritable es un trastorno funcional gastrointestinal.
No produce lesiones estructurales visibles ni inflamación crónica detectable en estudios convencionales. El intestino está anatómicamente íntegro, pero su funcionamiento está alterado.
Según los criterios de Roma IV, se caracteriza por:
Dolor abdominal recurrente, al menos 1 día por semana en los últimos 3 meses
Asociado a cambios en la frecuencia evacuatoria
Asociado a cambios en la forma de las heces
Puede presentarse como:
SII con predominio de diarrea
SII con predominio de constipación
SII mixto
No es una enfermedad autoinmune ni inflamatoria.
¿Por qué puede aparecer en personas con celiaquía?
Las personas con celiaquía tienen mayor probabilidad de desarrollar síntomas compatibles con SII, incluso después de iniciar dieta sin gluten.
Algunas razones posibles:
Inflamación intestinal prolongada antes del diagnóstico
Alteraciones en la microbiota
Mayor sensibilidad visceral
Ansiedad vinculada a la alimentación
Infecciones gastrointestinales previas
El intestino puede quedar funcionalmente más sensible aun cuando la mucosa se ha recuperado.
Celiaquía activa: cuándo el daño persiste
La celiaquía activa implica persistencia de inflamación intestinal.
Puede deberse a:
Contaminación cruzada repetida
Transgresiones involuntarias
Errores no detectados en la dieta
Exposición inadvertida a gluten
En estos casos, la mucosa intestinal continúa dañada y puede persistir la atrofia de vellosidades.
Síntomas que pueden confundirse
Tanto la celiaquía activa como el SII pueden producir:
Dolor abdominal
Distensión
Gases
Diarrea o constipación
Cansancio
Por eso, la evaluación no puede basarse únicamente en síntomas.
Claves orientativas para diferenciarlas
En celiaquía activa puede observarse:
Elevación o persistencia de anticuerpos específicos (anti-transglutaminasa, anti-endomisio)
Déficits nutricionales persistentes
Anemia
Pérdida de peso
Alteraciones en estudios histológicos
En síndrome de intestino irritable suele encontrarse:
Serología negativa o normalizada
Estudios estructurales normales
Síntomas fluctuantes
Relación clara con estrés
Mejoría parcial con ajustes dietarios específicos
El diagnóstico definitivo debe realizarlo el equipo médico mediante evaluación integral.
Estudios útiles en la evaluación
Cuando persisten síntomas, puede indicarse:
Control de anticuerpos específicos
Evaluación nutricional completa
Hemograma y perfil de micronutrientes
Revisión detallada de la dieta
En algunos casos, estudios endoscópicos
Esto permite confirmar recuperación mucosa o descartar persistencia de actividad.
Rol de la alimentación en cada caso
Si hay celiaquía activa:
La prioridad es revisar exhaustivamente la dieta sin gluten y detectar posibles fuentes de exposición.
Si se trata de síndrome de intestino irritable:
Puede ser útil:
Ajustar el tipo y cantidad de fibra
Evaluar tolerancia a FODMAPs
Fraccionar comidas
Reducir irritantes (cafeína, alcohol, grasas excesivas)
Siempre de forma individualizada y progresiva.
¿Pueden coexistir ambas condiciones?
Sí.
Una persona puede tener:
Celiaquía correctamente controlada
Y, simultáneamente, un síndrome de intestino irritable
No son diagnósticos excluyentes.
Esto explica por qué algunos pacientes continúan con molestias aun cuando la dieta está bien implementada.
Impacto del estrés y del eje intestino-cerebro
El intestino está estrechamente vinculado al sistema nervioso.
El estrés puede intensificar:
Dolor
Distensión
Cambios en el tránsito
Percepción de síntomas
En el SII, esta conexión es particularmente relevante.
Por eso, el abordaje emocional forma parte del tratamiento.
Conclusión
No todos los síntomas digestivos en personas con celiaquía indican fallas en la dieta o contaminación con gluten.
El síndrome de intestino irritable es una causa frecuente de molestias persistentes.
Diferenciarlo de una celiaquía activa permite evitar restricciones innecesarias y orientar un tratamiento adecuado.
El acompañamiento profesional es clave para un diagnóstico preciso y una mejor calidad de vida.
Lic. Bárbara Roggeroni – MN 9179



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